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 LA NECESIDAD DE ESTA REVELACION DIVINA

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MensajeTema: LA NECESIDAD DE ESTA REVELACION DIVINA   Jue Jun 04, 2009 1:43 pm

LA NECESIDAD DE ESTA REVELACION DIVINA
No puede hacerse efectiva nuestra crucifixión por voluntad o esfuerzo nuestro, sino sólo
por aceptar lo que hizo el Señor Jesús en la Cruz. Es necesario que nuestros ojos sean abiertos para ver la obra consumada del Calvario.
Después de mi conversión, estudié las Escrituras y supe que el Señor había muerto, y me di cuenta que yo también debería morir; porque era demasiado malo para seguir viviendo. Así que traté de morir, traté de vivir como si hubiera muerto. ¿Con qué resultado? El mismo antiguo mal genio, los mismos antiguos pecados; no había liberación.
Durante siete años después de convertido, a pesar de todos mis esfuerzos, no pude entrar
en la experiencia de la muerte de Cristo. Cuanto más me consideraba muerto al pecado, tanto más parecía estar vivo. Me era imposible considerarme muerto, y no podía producir la muerte. Cada vez que solicitaba ayuda de otros, me decían que leyera Romanos 6:11, y cuanto más leía este verso y procuraba considerarme muerto, más lejos parecía estar de serlo: no podía lograrlo. Comprendía cabalmente la enseñanza de que debía considerarme muerto, pero no podía entender por qué no veía resultado alguno de ello. Debo confesar que por meses estuve muy preocupado. Le dije al Señor: “Si esto no está claro, si no puedo llegar a ver esto que es tan fundamental, dejaré todo, no predicaré más, no saldré más a servirte; quiero primero comprender bien esto. Durante meses estuve buscando, a veces con ayunos, sin lograr nada.
Recuerdo que una mañana -esa fue una mañana de verdad y que nunca podré olvidar estaba yo sentado, leyendo en mi escritorio la Palabra, y orando. Recuerdo que pedí: “Señor, abre mis ojos”, y repentinamente lo vi todo. Vi que estaba identificado con Cristo. Vi que yo estaba en Él, y que la cuestión de mi muerte era ya un asunto del pasado y no del futuro, y que yo estaba en Él cuando Él murió. Todo se me había aclarado. Tanto gozo me produjo este tremendo descubrimiento, que salté de la silla y grité, “¡Alabado el Señor, yo estoy muerto!” Salí de la pieza con estrépito y encontrándome con uno de los hermanos que estaban ayudando en la cocina, le dije: “¿Sabes que he muerto?” Me miró asombrado, pero yo continué: “¿Sabes que Cristo murió? ¿Sabes que estoy tan muerto como lo estuvo Cristo? ¿Sabes que Cristo no estuvo de ninguna manera más muerto que yo?” Desde aquel día hasta el presente no he dudado jamás de mi propia muerte. “Con Cristo estoy juntamente crucificado”.
Amigos, éste es el primer paso para entrar en la vida cristiana normal. Si hemos de vivir
tal vida, nuestra primera necesidad es de revelación. No quiero con esto dar a entender que no necesitamos vivirlo prácticamente. Sí, hay una aplicación práctica de la muerte que veremos más adelante1 pero la base ante todo, es ésta: Yo he sido crucificado; ya está hecho. Que Dios abra nuestros ojos para ver lo que Él ha hecho para nosotros en su propio Hijo.
Cuando Hudson Taylor entró en la vida cristiana normal, fue así. Había primeramente tratado de entrar en Cristo, pero se encontraba cayendo de esa posición. Cuando el Señor le mostró que ya estaba en Cristo, como el sarmiento en la vid, no procuró ya más de ganar entrada, sino que pudo alabar al Señor que estaba ya en Él. Pensad en la extraordinaria ocupación de tratar en una pieza en la cual uno ya se halla. Pensad en el absurdo de pedir que os pongan dentro. Si ya reconozco el hecho de que ya estoy adentro, no haré esfuerzo alguno para entrar.
Si tuviéramos más revelación, tendríamos menos oraciones. Mucho de nuestro orar es tal por causa de nuestra ceguedad: no vemos lo que Dios ha hecho. ¡Estáis crucificados, de hecho! ¿Por qué orar para llegar a ser muertos? ¿Por qué orar para llegar a ser crucificados? Es igualmente absurdo. No necesitáis orar al Señor para hacer cosa alguna, meramente necesitáis que los ojos os sean abiertos para ver que Él ha hecho todo. Eso es el argumento. No necesitamos obrar para morir; no necesitamos esperar para morir; somos muertos. Sólo necesitamos reconocer lo que el Señor ya hizo, y alabarle por ello.
LA CRUZ TRATA DE LA CAUSA FUNDAMENTAL
Ahora supongamos que el gobierno descara tratar drásticamente con la cuestión de la bebida alcohólica, y decidir que el país se sometiera a la ley de la prohibición, ¿cómo podría esa prohibición ser llevada a cabo? ¿Cómo podríamos ayudar? Si hiciésemos una búsqueda en cada negocio y casa en todo el país y destruyésemos todas las botellas de vino o cerveza, etc., que halláramos, ¿sería una solución adecuada? Podríamos librar al país de cada gota de licor alcohólico que contenga, pero detrás de esas botellas de bebida fuerte están las fábricas que las producen, y si sólo atendiéramos a las botellas y dejáramos ilesas las fábricas, no hay solución permanente al problema. Entonces las fábricas que producen la bebida deben ser destruidas si la cuestión ha de ser solucionada permanentemente.
Nosotros somos la fábrica, nuestras acciones son los productos. La Sangre del Señor Jesús trató con la cuestión de los productos, a saber, con nuestros pecados, La cuestión de lo que hemos hecho está terminada; pero, ¿qué de la cuestión de lo que somos? Nuestros pecados fueron producidos por nosotros. Nuestros pecados han sido tratados, pero ¿cómo se tratará con nosotros mismos? ¿Crees tú que el Señor quitaría todos nuestros pecados, y luego dejaría a nuestro cargo el eliminar la fábrica que produce el pecado? ¿Crees tú que Él eliminaría la mercadería, pero nos dejaría la tarea de tratar con la fuente de producción? No, Él ha eliminado la mercadería y también ha eliminado la fábrica productora.
Continua: “EL SEGUNDO PASO: CONTAR - “CONSIDERAOS MUERTOS””
Tomado de “La vida cristiana normal” de W. Nee
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